Teatro: “Un tranvía llamado Deseo”

Uno de los grandes clásicos del teatro, se representa en estos días en el Teatro Español, una de las obras fundamentales de Tennessee Williams, “Un tranvía llamado deseo”. Una obra que nos denuncia las diferencias sociales, la marginación a la que las personas someten a otras personas por el mero hecho de atreverte a ser diferente, la supervivencia, la necesidad de amar y se amado, son algunos de los temas que aborda esta nueva puesta en escena, que comienza justo cuando Blanche aparece en la casa de su hermana Stela, desatando una compleja situación con su marido, ambos viven en un barrio de gente pobre y obrera al cual se accede mediante el tranvía Deseo.

La obra se estrenó en 1947 y unos años más tarde, Elia Kazan la llevó al cine, en una inolvidable interpretación de Vivien Leight y Marlon Brando.

Dirigida por Mario Gas, la interpretan Vicky Peña, Roberto Álamo, Alex Casanovas y Ariadna Gil. Para el director, esta es su tercera adaptación al teatro de Tennessee Williams ya que realizo el Zoo de cristal y La gata sobre el tejado de zinc caliente. Entre otros cuenta con la producción de Juanjo Seoane, la escenografía de Juan Sanz y Miguel Ángel Coso, la iluminación de Juan Gómez Cornejo, imágenes de Álvaro Luna y vestuario de Antonio Belart

Teatro Español

Hasta el 10 de abril

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Un comentario

  1.   CAMPOLATA dijo

    Me permito hacer mis comentarios críticos.

    Ariadna Gil, perfecta. No podía hacer más. A mí me parece un papel bastante deslucido, por más que en su momento le dieran un Oscar a Kim Hunter, pero con Holywood ya sabemos lo que pasa…

    Kowalski, un cachas siempre demasiado relajado y hasta gracioso (el texto tiene humor en sus diálogos, cosa que yo no recordaba) y de repente pega gritos, estrella platos contra el suelo y amenaza con atacar, pero no emite vibraciones de violencia contenida y muchísimo menos de tensión sexual latente, algo imperdonable en el personaje. No transmite ni sensualidad ni peligro (y no lo estoy comparando con Brando ni exigiendo que lo haga como él), con lo cual la pobre Vicky se tiene que montar el tinglado ella sola y es milagroso cómo lo logra, porque lo que es “respuesta”, de él no tiene ninguna.

    Mitch (Álex Casanovas) está muy bien, salvo cuando va a visitar a Blanche y pierde toda la rudeza que se supone que debe continuar teniendo. Se convierte en un muchachote sencillo pero fino y eso no ayuda. Para peor, en esa visita le visten con un traje clásico y elegante, en vez de con uno “estadounidensemente hortera”, con una corbata que no se le termine de acomodar y todas esas cosas, ustedes ya me entienden. Como cuando los paletos se visten de fiesta.

    No creo que la “voladura” de Blanche esté del todo marcada por la dirección.

    No da la sensación de que llegue ya un poco enajenada, sino que parece una dama arruinada que “se hace” la snob, pero que es totalmente consciente de su “actuación”. Se la ve demasiado empeñada en pescar un millonario (y así es el papel), pero le falta ese aire de ensoñación con respecto a los galanes imaginarios (y de creérselos en la medida necesaria). De modo que más tarde es más difícil dar la locura final con una transición tan breve o con la mínima. No obtante, la grandeza de Vicky la hace salir airosa, aunque a mi modesto criterio, le faltase un poquito más de cursilería, de afectación y de desvarío real.

    ¡Ojo, que está maravillosa, pero es una Blanche que está más del lado de lo terrenal. Eso podría ser otra interpretación del personaje, pero no es el concepto tradicional que tenemos de ella ni de las vírgenes pretendidamente castas y reprimidas de Tennessee. Y si se tratara de un nuevo enfoque, no creo que resulte del todo convincente.

    Los matices de su voz son infinitos y el tempo, ejemplar. La salida hacia el manicomio, sublime (deja con ganas de arrancar con aplausos).

    La escenografía, excelente (un hallazgo, con proyecciones al fondo, en blanco y negro, con paisajes, trenes, calles con carteles callejeros que parpadean, lluvia, etc.).

    El vestuario muy bueno (salvo los de Kowalski y Mitch).

    La música, apenas toques, sugerente y apropiada.

    El resto del elenco, muy ajustado.

    A pesar de todas estas críticas, es un Williams de los buenos, sobrio, compacto, sin fisuras ni discordancias, donde la gloria total es Vicky Peña.

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