Teatro: ” La última cinta de Krapp “

No cabe la menor duda de que Beckett tiende a lo esencial ” La última cinta de Krapp ” se torna horadante y cada vez más aguzada para penetrar más y más en las capas estratificadas de lo real y llegar a la única verdad que a Beckett le interesa: la verdad sobre la condición humana. No por medio de la verdad intelectual, sino por la verdad sensible. Lo sorprendente es que ese caminar hacia las prfundidades no se traduce sino en visiones tenazmente concretas. Esas visiones, esa voz, las reconocemos en nosotros mismos, están mezcladas con nosotros, hombres y mujeres de aquí y de ahora, y no perdidas en alguna cómoda abstracción.

Krapp, un hombre cuya vida está mediada por sus propias grabaciones. Un diálogo de un hombre coonsigo mismo, o con sus “yos” pasados. En su cumpleaños, su último cumpleaños, el viejo Krapp se sienta con su magnetófono, su diccionario y sus plátanos y escucha su propio pasado contado por una voz más joven, a veces con placer, a veces con confusión, irritación o desesperación.

A Krapp le gusta pensar que ha renunciado a las ilusiones y las dependencias. O que al menos podría pasar sin ellas, aunque las guarda. Su interés en su antiguo yo, mientras ecucha la voz de su juventud se encuentra con su propio desprecio ante el pequeño optimismo que aún tiene el Krapp grabado. Se ríen juntos de las “aspiraciones” que ambos solían tener, pero el Krapp presente a veces se impacienta, especialmente cuando su antiguo yo se pone poético.

Krapp, un pájaro cuyo nido está hecho de remordimientos y promesas incumplidas encuentra su único regocijo en palabras que le sobresaltan. No obstante es una frase de años atrás: “adiós al amor”, a la que le da vueltas y a la que vuelve. Una ternura verdadera mana de esa frase que viene a romper la habitual pesadilla beckettiana. En algún lugar íntimo de ese viejo cuerpo que es Krapp, que el tiempo y el alcohol han gastado, se conserva, sin embargo, la idea confusa de una dicha que antaño fue posible , de una felicidad, de un amor perdido o que se dejó perder. Al final de la obra Krapp se ha silenciado a sí mismo y ha sido suplantado por el viejo magnetófono, que sigue dando vueltas en silencio. La tierra podrá estar deshabitada por este hombre solitario.

Teatro de la Puerta Estrecha.

C/ Amparo, 94

Hasta el  21 de marzo

Jueves a domingo a las 21 horas

Entrada 12 €

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