Madrid: Palacio del Hielo y del Automóvil

En 1920 la empresa belga propietaria del Hotel Palace adquirió un gran solar de 4.500 metros cuadrados que había en la calle de Jesús de Medinaceli, frente al mencionado hotel, para construir este edificio destinado al ocio y a modernos establecimientos comerciales. Sus trazas fueron diseñadas por el arquitecto belga Edmon De Lune y las obras, que se prolongaron hasta 1922, fueron dirigidas por los arquitectos Gabriel Abreu y Fernando García Mercadal.

El edificio resultante estaba organizado en torno a tres patios interiores y poseía una fachada monumental de 85 metros de longitud ordenada en tres niveles y rematada por tres cuerpos sobresalientes que coincidían con los lugares de acceso.  Su distribución interior, en la planta baja se dispuso una pista de patinaje sobre hielo de 55 metros de longitud y 27 metros de anchura, además de sus dependencias accesorias –como un salón estilo imperio donde mudar el calzado-, un salón estilo Luis XIV para bailar y tiendas; en el entresuelo se colocaron pequeñas gradas y galerías que daban a la pista de hielo y desde las que se podía acceder a un restaurante y a una sala de fumadores de imitación inglesa; el último piso, provisto con una entrada independiente que daba a la calle de San Agustín, se habilitó como sala de exposición y venta de automóviles.

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Poco duraron estas actividades, que junto a otras muchas contribuyeron a forjar la nueva imagen metropolitana de la ciudad y los modernos comportamientos de sus habitantes, pues en 1928 el edificio fue adquirido por el Estado para convertirlo en Centro de Estudios Históricos, lo que, por otra parte, obligó a realizar una remodelación profunda del inmueble. A través de esta reforma, concluida en 1933 y dirigida por Pedro Muguruza Otaño, la pista de patinaje se transformó en patios interiores y despachos, a la vez que fueron retiradas de la fachada las marquesinas de hierro y cristal y la galería de arcos del segundo piso, perdiendo, así, el estilo francés con que había sido concebido.

Después de la Guerra Civil se estableció en el edificio el Patronato Menéndez y Pelayo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (C.S.I.C.) y fue objeto de nuevas reformas, como las realizadas en 1941 por Ricardo Fernández Vallespín y en 1950 por Miguel Fisac –librería de influencia nórdica de la planta baja-.

Un incendio ocurrido en 1978 obligó de nuevo a reacondicionar gran parte del edificio y a restaurar la fachada, tarea que se prolongó hasta 1982 bajo la dirección de obras del arquitecto Guillermo Sánchez Gil.

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