Madrid Antiguo: La Real Librería

Fue fundada por el rey Felipe V en 1711 en la Casa del Tesoro, frontera a los Caños del Peral, y se abrió al público en marzo de 1712.

Los primeros fondos bibliográficos con que contó fueron unas pocas colecciones que Felipe V había traído consigo desde Francia, junto a algunas colecciones que la Reina Madre guardaba en el antiguo Alcázar. La gran mayoría de las obras y los mejores volúmenes seguirían estando en manos de la Corona, en la Biblioteca Real que también mandó realizar y ordenar el mismo rey. No obstante, por Real Cédula de 1716 se la concedió el privilegio de obtener un ejemplar de cuantos libros se editaran en España, así como se la reconocía el derecho de tanteo en las ventas de manuscritos, estampas, medallas y la adquisición de librerías particulares. Además, se instituyó oficialmente su gobierno interior con el nombramiento de un bibliotecario mayor y otros bibliotecarios. Los fondos de la biblioteca siguieron creciendo con la librería del cardenal Arquinto, que ordenó comprar Carlos III en Roma, y con los fondos que Carlos IV adquirió del señor Múzquiz, entonces embajador de Francia.

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Durante el reinado de José I Bonaparte,  la biblioteca fue trasladada a los claustros altos del Convento de la Santísima Trinidad en la calle Atocha. Pero de nuevo, en 1819, a petición de los frailes fue traslada al entonces Ministerio de Marina, entonces ubicado en la casa llamada de los Secretarios de Estado y de Despacho, también conocida como Palacio del Marqués de Grimaldi. En 1826, Fernando VII con el fin de no entorpecer el funcionamiento de otras instituciones ubicadas en este lugar, compró unas casas en el número 4 de la Plaza de Oriente, que en opinión de los críticos del siglo XIX no eran las más adecuadas para esta función, pues su insuficiencia impedía ordenar correcta y adecuadamente todos sus fondos y dificultaba la exposición del museo de medallas y del gabinete de antigüedades que tenía la biblioteca desde su fundación.

Con el advenimiento del régimen liberal, a partir de 1834, la biblioteca quedó definitivamente como un establecimiento de la nación, siendo desvinculada del patrimonio real, como ya sucediera durante las breves experiencias liberales de 1812 y del trienio (1820-1823). En 1836 pasó a denominarse Biblioteca Nacional.

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Patricia Soriano

Estudios en Historia del Arte, colaboraciones en páginas relacionadas con el arte o el turismo ... y ahora aquí, en Absolut Madrid

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