La Plaza de Oriente (II)

En el entorno de la Plaza de Oriente existen distintos tipos de monumentos, jardines, edificios … Empezaremos con los jardines y las estatuas centrales. Los Jardines Centrales están dispuestos alrededor del monumento a Felipe IV, en forma de cuadrícula, siguiendo un modelo barroco de jardinería. Conformados por siete parterres, poblados por setos de boj, formas toparias de cipreses, tejos y magnolios de pequeño tamaño, así como por plantaciones florales, de carácter temporal. Se encuentran delimitados a ambos lados por sendas hileras de estatuas, conocidas popularmente como los reyes godos, que actúan como línea de división de los otros dos cuadrantes. Jardines del cabo Noval; integrados principalmente por plantaciones de plátanos, ocupan la parte septentrional de la Plaza de Oriente, junto a la calle de San Quintín, por la que está permitido el tráfico rodado. Se extienden sobre terrenos que en su momento pertenecieron al Real Monasterio de la Encarnación, que da a los jardines a través de su fachada meridional. En su lado occidental, quedan delimitados por la calle de Bailén y la baulastrada que separa esta vía de los Jardines de Sabatini, situados al norte del Palacio Real. Al este, se encuentra la calle de Pavía. Sus mayores valores artísticos provienen del monumento allí situado, erigido en 1912 en memoria del cabo Luis Noval Ferrao (1887–1909), del que toman su nombre. Se trata de una obra del escultor valenciano Mariano Benlliure (1862–1947). Mide 6,5 metros de alto y está realizada en piedra y bronce.

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Los Jardines de Lepanto; se encuentran en la parte meridional de la plaza. Quedan definidos por la calle de Bailén, que discurre al oeste, en paralelo con la arquería de la Plaza de la Armería; y por la calle de Vergara, que aparece al sur, a través de una rampa, construida para salvar el desnivel del terreno. Al este se halla la calle de Lepanto, que les presta su nombre. Como los Jardines del cabo Noval, los de Lepanto integran plantaciones de plátanos, de gran tamaño, además de diferentes cedros. Sobre ellos se alza el monumento al capitán Ángel Melgar (1876–1909), obra en bronce y mármol de Julio González Pola (1860–1929), inaugurada en 1911 por el rey Alfonso XIII.

En el campo de la escultura existen grandes conjuntos escultóricos de gran importancia, estos son: Monumento a Felipe IV ; en el centro de la plaza se encuentra un monumento a Felipe IV, sin duda alguna la obra artística más importante del recinto, al margen de los edificios del contorno. Está integrado por una estatua ecuestre del monarca, realizada en el siglo XVII por Pietro Tacca, y un pedestal con diferentes motivos escultóricos y dos fuentes, que datan del siglo XIX. El conjunto fue inaugurado el 17 de noviembre de 1843, después de que Isabel II decidiera trasladar la citada escultura a la Plaza de Oriente, dotándola de un soporte monumental. Sus autores fueron los escultores de cámara Francisco Elías Vallejo (1782–1850) y José Tomás (1795-1848).

Monumento al Cabo Noval (Madrid) 01

El primero realizó los cuatro leones de bronce situados en las esquinas del monumento, mientras que el segundo esculpió los bajorrelieves que decoran el alto pedestal sobre el que se asienta la estatua. Uno de ellos representa al monarca imponiendo a Velázquez el hábito de la Orden de Santiago y el otro es una alegoría de la protección otorgada por el rey a las artes y letras. Asimismo, Tomás realizó la figura de un anciano vertiendo agua sobre una urna, simbolizando un río. En la base del monumento, hay dos fuentes con forma de concha, en los lados este y oeste.

La estatua ecuestre de Felipe IV es de bronce y está dispuesta mirando hacia el este, esto es, hacia el Teatro Real. Fue ejecutada entre 1634 y 1640 por el italiano Pietro Tacca (1577–1640), al cual le enviaron como modelos dos retratos del rey pintados por Velázquez, uno a caballo y otro de medio cuerpo. Fue fundida en Florencia (Italia). El escultor contó con el asesoramiento de Galileo Galilei para que el caballo que monta el monarca pudiese mantenerse exclusivamente sobre sus patas traseras. La solución dada por el físico consistió en hacer maciza la parte trasera y hueca la delantera. Se trata de la primera escultura ecuestre del mundo con esta disposición. La obra se colocó inicialmente en uno de los patios del Palacio del Buen Retiro y, posteriormente, en el frontispicio del antiguo Alcázar. Durante el gobierno de don Juan José de Austria volvió a su primer emplazamiento, donde permaneció hasta 1843.

Reyes

La plaza alberga una colección escultórica de veinte reyes españoles, correspondientes a cinco visigodos y a quince monarcas de los primeros reinos cristianos de la Reconquista. Estas estatuas, realizadas en piedra caliza, se distribuyen en dos hileras, que surcan el recinto en dirección este – oeste, a ambos lados de los jardines centrales. Conocidas popularmente como los reyes godos, marcan la línea de división entre el cuerpo central de la plaza y los Jardines del cabo Noval, al norte, y de Lepanto, al sur. El grupo de estatuas forma parte de una serie dedicada a todos los monarcas de España, mandada hacer para la decoración del Palacio Real de Madrid durante el reinado de Fernando VI. Se ejecutaron entre 1750 y 1753.

En un principio, la idea era que las esculturas adornasen la cornisa superior del palacio, pero nunca fueron colocadas en la misma. Se temió que la cubierta no aguantase su peso, si bien la tradición sostiene que la reina Bárbara de Braganza tuvo un sueño en el que las figuras caían precipitándose apocalípticamente hacia abajo. Finalmente fueron distribuidas por distintos puntos de la ciudad. En Madrid pueden verse, además de en la propia Plaza de Oriente, en el Parque de El Retiro, en los Jardines de Sabatini, en el Parque de El Capricho (en la Alameda de Osuna) y en la Puerta de Toledo. Algunas se llevaron a otras provincias, caso de las situadas en el Paseo de Sarasate de Pamplona, referidas a los reyes navarros.

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Las estatuas fueron realizadas, bajo la dirección de los escultores de la Corte Domenico Olivieri y Felipe de Castro, por un numeroso grupo de autores, entre los que se encuentran Luis Salvador Carmona, Juan de Villanueva Barbales y Juan Pascual de Mena, además de los propios Olivieri y De Castro.

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