Judías Verdes, una historia milesia de Carmen la Griega

Para comprender la obra de Carmen García es necesario saber que ella misma se bautizó como Carmen la Griega tras una estancia de varios años en Grecia que marcaría una obra en la que la cultura y el mito se erigen como elementos estructurales.

La exposición se presenta con un coro frontal en el que Medea, Aracne, Yerma y la diosa blanca han transcendido la acción para convertirse en iconos religioso. Todas ellas, a lo largo de los últimos años, han vivido su tragedia; algunas referidas a acontecimientos reales, como el drama de la diosa blanca, relacionado con la masacre de la escuela de Beslán; otras derivadas de la biografía de la artista, emociones llevadas al extremo que tienen que ver con el amor, el deseo, la pérdida o la maternidad, que nacen de la crueldad y de la desesperación, pero que a medida que suceden se van apaciguando.

Pero ni Yerma, ni Medea, ni Aracne, ni la Gran Madre Negra llegan nunca a desaparecer, porque en el mito siempre queda la metamorfosis, y así las encontramos entre los cientos de dibujos que almecena su creadora renovadas una y otra vez pero reconocibles por una serie de atributos como las manos que son las que generan, transforman y solucionan, o un mechón de pelo, o la ausencia de rostro.

En este viaje iniciático que son los dibujos de Carmen García, los materiales empleados tienen una importante carga simbólica. El lápiz, más preciso y contenido, es utilizado en aquellos dibujos más narrativos, los que representan sucesos cotidianos en los que tembién aparecen elementos más antiguos o conceptos de tradición clásica. Los rotuladores, casi infantiles, evocan el inconsciente, la locura que conduce a la tragedia. El barro convierte a las semidiosas en esculturas votivas, mientras el carboncillo es el elemento que fragua la transformación.

Galería El Columpio

C/ Torrecilla del Leal, 7

Hasta el 20 de marzo

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