Jannis Kounellis por partida doble

En estas fechas el artista griego Jannis Kounellis, tiene expuestas en Madrid dos instalaciones, en las Naves del Matadero ( dentro del ciclo ” Abierto x Obras ” ) y otra en la Galería Nieves Fernández.

La primera de ellas es un angustioso laberinto, hecho con cuerdas marineras, una pieza de metal y un juego de luces muy brillante. El resultado sorprende por una iluminación de muy baja intensidad que sumerge al visitante en un clima de angustia y temor, mientras una luz única ilumina la pieza central: una gran barra de metal suspendida del techo sobre la que se apoya un gancho de carnicero del que cuelga un enorme y brillante cuchillo.

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En la Galería Nieves Fernández, Kounellis realiza una instalación relacionada con la expuesta en Matadero Madrid: “ Un laberinto de cuerdas, un espacio de tensión, un dibujo suspendido ”. Como cierre del concepto, en las piezas realizadas para la galería ,  hay tensión y distensión. La dureza de las planchas metálicas dialoga con la fragilidad del cristal, las diagonales de cuerdas marcan caminos, igual que las establecidas entre las columnas de Matadero, y en ambos trabajos, solo una línea vertical.

Si en Matadero el modo de establecer una conversación con el espacio es tensar cuerdas alrededor de las columnas, en la galería es ocupar una única pared. La otra sala queda vacía, y se establecen así entre los espacios caminos cruzados que potencian la dramaturgia.

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Jannis Kounellis (1936, Grecia). Estudia en la academia de Bellas Artes de Roma, donde reside desde los veinte años. En 1967 participa en una exposición colectiva comisariada por Germano Celant, lo que le oficializa como artista perteneciente al grupo póvera. Desde entonces es considerado como uno de los artistas más importantes del panorama contemporáneo. Influenciado por Burri y Manzoni, Kounellis abandona a finales de los 60 las influencias del pop y del constructivismo ruso y comienza a incluir objetos, materiales y en ocasiones seres vivos como elementos constituyentes del arte. En seguida abandona el lienzo como superficie e incorpora planchas de metal, que se convierten en su principal soporte. La presentación de objetos y seres, que supera lo objetual y lo plástico, desprende una energía variable en cada una de sus obras. Así, con sacos de yute, carbón, café molido,  piedras, cristales, aceite de linaza y humo crea instalaciones llevando el arte hasta un nuevo territorio.

A través de sus obras indaga las relaciones entre Arte y vida, exponiendo incluso animales vivos, llevando al límite la difuminación de esta frontera. Cuestiona además el ambiente habitual de las galerías y museos, trata la muerte, la muerte del arte y lo inalcanzable de la belleza clásica.

Matadero Madrid. Pº de la Chopera, 14

Galería Nieves Fernández. C/ Monte Esquinza, 12

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