En concierto: Editors

Desde que se formaran en 2004 en la Universidad de Staffordshire, Editors no han parado de triunfar. Relocalizados en Birmingham, comenzaron pisando fuerte con sus primeros singles, los contundentes ‘Bullets’, ‘Munich’ y ‘Blood’. La solidez de su sonido, puesta a prueba en giras interminables, empezó a dar que hablar bien alto. Pero fue con su debut, “The Back Room” (05), con el que la crítica les cubrió de elogios y con el que sus fans se convirtieron en legión.

editors

Sus señas de distinción (guitarras puntiagudas, atmósferas tenebrosas y un apabullante arrojo eléctrico) les sitúan al lado de gélidos referentes como Interpol, Joy Division o Echo & The Bunnymen; pero sus fantásticas versiones de R.E.M. (‘Orange Crush’) y Stereolab (‘French Disko’), confirman su amplitud de miras. Una expansión que han demostrado con “An End Has A Start” (07), en el que ampliaban su paleta de colores más allá del gris y el negro. Una mutación que ahora culmina en el inminente tercer disco de la banda, ‘In This Light And On This Evening’, para septiembre de 2009, que parece ser que está más orientado a la música electrónica que los otros, y que presentarán fresquito en nuestro país.

Editors. Día 9 de Diciembre

Palacio Vistalegre (Utebo, 1)

Entradas en:   www.ticketmaster.com, Tiendas FNAC, Carrefour y CD-Drome

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Un comentario

  1.   Alvaro dijo

    Muy buenas. Escribo para comentaros cómo el pasado miércoles 9 de Diciembre tuve la desgracia de asistir al concierto que The Editors dieron en nuestro nunca bien ponderado Palacio de Vista Alegre.

    Y digo desgracia, no por ellos como grupo, que me gustan bastante y que lo dieron todo en el escenario, lo digo porque estoy hasta las narices de la mierda de conciertos que se organizan en esta ciudad. De cómo cualquier garito infame se autodeomina “sala de conciertos”, y en definitiva, de cómo la organización se dedica a rebañar todo lo que puede y más, dejando el hecho del concierto en sí mismo reducido a una mera anécdota (y seguro que en nombre de la crisis, no te jode).

    El concierto era inicialmente en la sala La riviera. La Riviera no es que sea de mis salas favoritas, pero viendo cómo se las gastan en la ciudad donde se prohíbe tocar a Björk en el Teatro Real, tengo que decir que suena bastante bien, y que asistir aun concierto allí suele ser una experiencia gratificante (o que al menos compensa la talegada que te has dejado en la entrada).

    Pero, ah, visicitudes e la vida, la organización decide cambiar la ubicación del concierto. ¿Por qué? os preguntaréis. Pues seguramente porque vieron que las entradas se agotaron basante pronto y se dijeron “¡Date! Sala más grande igual a más gente, ergo más pasta.” Primer capítulo de “El arte de rebañar”: Por qué ganar menos cuando puedes ganar más? Claro, lógico y conciso. Y si la gente que pagamos 27 euracos para ver a nuestro grupo favorito preferimos La Riviera, pues que nos den.

    Joer, mira que somos pijos los fans, ¿verdad? A ver señores, que no se enteran. Que no es que prefiramos La Riviera por capricho, no, es que el Palacio de Vista Alegre, además de ser más feo que mis pelotas (y el hecho de que tapáseis las gradas con tela no contribuyó ni a mejorar el sonido ni a hacerlo menos desagradable a la vista) se oye como el C-U-L-O. Creo que no hace falta ser un lumbreras para entender que cuando vas a un concierto quieres escuchar la música en condiciones, porque de eso se trata entre otras cosas.

    Pero nada, ser un grupi es lo que tiene y tragas con todo. Que te dicen Vista alegre, pues Vista Alegre it is. Allí te plantas (un poco mosca porque ya estuviste allí con REM y te conoces el percal) pero bueno, la esperanza es lo último que se pierde. O al menos hasta que empieza el concierto. Porque desde el principio el sonido es MALO con mayúsculas. Oiga, que no es que lo diga yo, sólo pregunten por ahí. De todas formas apuntillo que soy técnico de sonido, hago bolos normalmente y sé de o que hablo. Sonó MAL. Y ya no es que las condiciones acústicas en Vista Alegre sean pésimas (¡quizás porque porque no es una sala de conciertos!), que lo son, es que entre otras cosas no pusieron ni frontfield.

    Para el que no lo sepa, el frontield es una hilera de altavoces que se pone delante del escenario para cubrir las primeras filas, que suelen estar fuera del alcance del sistema de sonido principal (la P.A.). Si no pones fronfield y estás en la primeras filas, lo que oyes es una mezcla del sonido del escenario lo que te llega de la P.A. Lo que viene siendo una mierda de sonido, vamos.

    Y es justo lo que sucedió (no sé en las últimas filas, pero delante se oía bajo y mal). ¿Y por qué no había frontfield?, os preguntaréis. La razón exacta nunca la sabremos, sólo puedo especular. Pero como me jode pagar 27 euracos para escuchar un sonido de mierda, pues me lanzo a la piscina, y creo que no me equivoco mucho si digo que no hubo fronfield porque… oh sorpresa!, es más barato no ponerlo. En el capítulo número 2 de “el arte de rebañar” viene bien clarito: alquila la menor cantidad de equipo posible, ahorrarás pasta!. Y he aquí cómo por segunda vez la organización se pasa al público por el arco del triunfo y se tira otro maloliente pedo en nuestra respetable cara.

    Para el que piense que esto es todo, ¡nada más lejos! Como colofón, al rato de comenzar el concierto (de hecho, en medio de una de mis canciones favoritas del último disco, cagondiez) la P.A. dejó de sonar. Primero el lado derecho. Después dejó de sonar completamente. Tuvieron que salir los técnicos a le escenario para decirles a la banda que dejaran de tocar, que los pobres no se habían enterado de nada.

    Mira que servidor se ha comido marrones como técnico. Mira que hay cosas que fallan antes y durante el concierto. Pero nunca, NUNCA, he visto una cagada tan negra y humeante como esta. Y hubo que parar el concierto, claro. Tras unos 10 minutos y algunos abucheos (al sonido en general, no al grupo, que estuvieron a la altura en todo momento), la cosa se reanudó. Y de ahí hasta el final el sonido fue mejorando, que todo hay que decirlo. Comportamiento ejemplar del público, por cierto.

    Al terminar, como buen friki que soy, me acerqué a la zona vallada del sufrido técnico de P.A., un poco para cotillear el equipo, y otro poco para ver si me enteraba de qué cojones había podido ir tan mal como para tener que parar en mitad del show. Y qué es lo que vieron mis ojos? Pues una flamante PM1D (o era la PM5?) de Yamaha como mesa y un flaman… ¿dónde coño está el rack de P.A.?

    De nuevo para el que no lo sepa, el rack de P.A. es una suerte de armario que suele estar tupido de equipos. Se usa para procesar el sonido de la banda y que todo suene como es debido. Esta es la definición general, claro. Porque en este caso el rack de P.A. tenía tres o cuatro ecualizadores gráficos y dos procesadores XTA (creo), uno de ellos apagado y tachado con cinta aislante. Y es que hasta en las fiestas de mi barrio se lo curran más, oiga.

    Igual que antes no puedo estar seguro, pero siguiendo con el arte de la especulación, de nuevo no hace falta ser un lumbreras para darse cuenta de qué es lo que falló. Uno de los XTA debió de dejar de funcionar a mitad del concierto. Me imagino que reconfiguraron el otro sobre la marcha y así tiraron hasta el final (o bien lo hicieron en mono, que yo ya me lo creo todo).

    Bien, si un equipo falla, falla y punto, y no hay mucho más que decir. O bueno, quizás sí. Que si hubiera habido equipo de reserva, lo mismo la cagada en general no hubiera sido tan monumental. Lo cual nos lleva al capítulo 3 de “el arte de rebañar”: Por qué llevar equipo de reserva si sale más barato no llevarlo? Otra genial recomendación de esta impagable edición para los tiempos de crisis.

    (Y en otro orden de cosas, para rematar resulta que sólo abren UN baño en toda la plaza de toros, con lo cual al acabar el concierto nos tuvimos que aguantar nuestras ganas de mear hasta llegar a casa. Tentado estuve de ponerme a mear allí mismo.)

    En fin amigos. Bochornoso. Una total y absoluta falta de respeto hacia el público, por parte de una gente a la que lo único que le interesa es la pela, la pela y la pela. Una chapuza que apesta a improvisación.

    A ver señores, ya sabemos que antes de organizar conciertos ustedes vendían chorizos en la charcutería de la esquina, y que la música se la sopla, y que están en este curro porque de todo tiene que haber por el mundo, pero háganse un favor y entérense: cuando uno va a un concierto quiere ver a su artista favorito. Oir su música. Vivir la experiencia. A tope. ¡Por eso pagas lo que pagas!. Te preocupas de ir a recoger la entrada, de llegar antes el día del concierto y aguantar la cola, de soportar los empujones y los pisotones de la gente una vez estás dentro, de estar en pie durante horas y tragarte religiosamente a los teloneros -que te importan 3 cojones- sólo para poder tener un buen sitio en las primeras filas. Y todo eso lo haces porque sí. Porque te mola la banda. Por amor al arte. Por amor a la música.

    Y ustedes, ustedes que ya han matado a la gallina de los huevos de oro con la venta de discos, ustedes digo, nos ponen la bota en la cara y nos faltan al respeto de una manera tal que dan ganas de incinerar el lugar, con todos ustedes dentro.

    Y han conseguido que el respeto hacia la música grabada esté a la altura del betún. ¿Que quieren, conseguir lo mismo con los conciertos? Si este es el caso, sólo les puedo felicitar. Eso sí, luego se llevarán las manos a la cabeza cuando la gente pase de pagar una pasta para ir a un local infecto a “disfrutar” de la música en directo, y encima tendremos que aguantar que digan que la culpa es de internet, y nosequé del P2P y demás gilipolleces.

    Pero vamos a ver, ¿por quién nos tomáis? ¿Es que os pensáis que porque la chavalada vaya en el metro escuchando MP3 en los teléfonos móviles somos retrasados mentales? ¡Que vivís de nosotros! Nosotros, que somos los que pagamos, tenemos derecho a exigir. Exigir una experiencia gratificante al ir a un concierto, que es lo mínimo por la pasta que nos hacéis pagar por la entrada. Y es que Editors costó 27 euros. Y por 27 euros no sólo tendría que recibir la experiencia conciertil de mi vida. Es que a la entrada, en lugar de registrarme el bolso por si llevo una cámara de fotos demasiado buena, me tendríais que regalar una botella de agua y un bocata. ¿Pero quién os habéis creido que sois?

    Pues desde aquí os lo decimos, faltaría más. Sois unos buitres. Y sólo espero que se os caiga la cara de vergüenza y que vuestro negocio os vaya igual de bien que con la venta de discos, porque no os merecéis otra cosa. Volved a vuestra charcutería y dejadnos en paz, que el público y los artistas nos llevamos muy bien sin vosotros, aves carroñeras.

    Es que ya no vale con dejarte una pasta en la entrada. Es que por lo visto ya no sirve con enterarte de quién toca y dónde. A partir de ahora vamos a tener que enterarnos de qué equipo hay para sonorizar el concierto y de quién organiza, no sea que seais tan cutres que nos arruinés el concierto.

    Ridículo.

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