El Panteón de Hombres Ilustres (Primera Parte)

Este Panteón tuvo dos planes de ejecución. El primero en 1837, momento en el que sale una ley, concretamente la del 6 de noviembre, donde en su artículo nº 2 se establecía la construcción de un Panteón Nacional en la actual Basílica de  San Francisco El Grande. A ella se  trasladarián los cuerpos de los Hombres Ilustres de la historia de España.Estos hombres serían elegidos por las Cortes del momento. Cuatro años después de dicha ley la Real Academia de Historia propone a las Cortes los nombres de los que debían ser trasladados allí. Pero no fue hasta 1839, con el gobierno de Ruiz Zorrilla, cuando se estableció un decreto, por el cual se creaba una comisión para que se llevasen a cabo las tareas de la búsqueda de los restos y dar así comienzo al proyecto. La comisión la formaba: Salustiano Olózaga, Fernández de los Ríos, Fermín Caballero, Hartzenbusch, Ruiz Aguilera, Francisco Silvela, el Gobernador de Madrid, Figueras, Borrel y Antonio Gisbert.

Se buscaron, sin éxito, los restos de: Luis Vives en Bélgica, Antonio Pérez (secretario de Felipe II) en París, Cervantes, Lope de Vega, Juan de Herrera, Velázquez, Jorge Juan, Claudio Coello, Tirso de Molina y Mariana y Moreto. Todos se dieron por perdidos definitivamente.

El 20 de junio de 1869 se inauguró el Panteón, en el se depositaron los cuerpos de: Juan de Mena, El Gran Capitán, Garcilaso de la Vega, Ambrosio de Morales, Alonso de Ercilla, Lanuza, Quevedo, Calderón de la Barca, Marqués de la Ensenada, Ventura Rodríguez, Juan de Villanueva y Gravina. Los cuerpos se trasladaron en carrozas engalanadas, acompañados por bandas de música, ejército y guardia civil (el séquito entre comitiva oficial y resto  de ciudadanos llegó a medir 5 kilómetros). Los cuerpos se enterraron en una capilla de la iglesia. Años más tarde fueron reclamados por sus ciudades de origen. Con lo cual la idea de formar un Panteón Nacional quedó relegada durante años.

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