El Frontón Beti Jai

En el siglo XIX, el juego de la pelota vasca se puso de moda entre los madrileños, lo que hizo que en la ciudad se construyeran bastantes frontones. El primero fue el Jai Alai en 1891 le siguieron el Fiesta Alegre, el Euskal Jai y el Beti Jai. En el siglo XX la moda paso de la pelota vasca al fútbol y muchos de los frontones construidos se derribaron o han sido abandonados.

Este último es el caso del Beti Jai (que en Euskera significa: siempre fiesta), único superviviente de esta poca y que ahora los vecinos quieren salvar ya que está en un completo estado de ruina. Estos están recogiendo firmas para que el edificio, declarado Bien de Interés Cultural en 1991, sea re acondicionado y pueda convertirse en una instalación deportiva o para acoger distintos eventos.

El frontón está situado en la calle Marqués de Riscal, es obra del arquitecto Joaquín Rucoba y fue construido en 1893. Tras su fachada de estilo neomudéjar aparece su pista de 67 x 20 metros, rodeado por un graderío de cuatro plantas, estructurados en balcones y decorados con una barandilla decorada y techado por una cubierta de ladrillo. Tiene una capacidad aproximada de 4.000 espectadores. Hasta 1919 mantuvo su función. Con la Guerra Civil se convirtió en una comisaria y lugar de ensayo para las bandas de música de la Falange.  En los 50 y 60 fue propiedad de la Citroën que la uso como taller de reparación. En 1998 la empresa francesa la vendió a un grupo de empresarios vascos que querían devolver al edificio su función original, pero intereses económicos se interpusieron y se cambio el plan queriendo transformarlo en un hotel de lujo, incluso se encargo el proyecto a Rafael Moneo, pero las autoridades no acabaron de dar el visto bueno y desde esa fecha el recinto quedó abandonado.

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Patricia Soriano

Estudios en Historia del Arte, colaboraciones en páginas relacionadas con el arte o el turismo … y ahora aquí, en Absolut Madrid

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