El Club Allard

Nada hace pensar que en este bonito edificio modernista haya un restaurante: ni un rótulo, ni una placa, nada. Esta discreción extrema se debe a que en realidad estamos en un club privado que, para fomentar la gastronomía, decidió abrir sus comedores al público. Las estancias son suntuosas, confortables, con un punto de refinamiento burgués que marca la diferencia con el minimalismo imperante.

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El equipo de sala se rige por los cánones de la alta escuela, pero deja libertad de movimientos al comensal. Razones que acentúan la sensación de que comer aquí es como hacerlo en un domicilio privado, con la ventaja de quien está en los fogones es Diego Gerrero, un buenísimo cocinero. Seducido por las técnicas de vanguardia, no olvida sus raíces vascas. Surge así una cocina bipolar que tan pronto sorprende con una paisaje o un trampantojo (platos que aparentan una cosa y son otra) como con una delicada merluza en salsa verde o el bacalao más tradicional.

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Ejecuciones limpias y certeras en las que da cabida a ingredientes exóticos como las algas, las habas tonka o el “ito togarashi”, picante de origen oriental.
No hay carta, solo tres menús, el clásico -con las recetas más renombradas-, el gastronómico –con propuestas de mercado- y uno específico para vegetarianos. Para atender todos los deseos de su consolidada clientela, a diario se ofrecen varias sugerencias para degustar en raciones completas. Entre las especialidades los huevos en vueltos en pan con panceta y crema de patatas, la ternera en terrina con natillas de foiegras o el chocolate con churros, un postre homenaje a Madrid.

Club Allard

C/ Ferraz, 2

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Restaurantes y bares

Patricia Soriano

Estudios en Historia del Arte, colaboraciones en páginas relacionadas con el arte o el turismo ... y ahora aquí, en Absolut Madrid

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