Madrid Antiguo: El Casino de la Reina

El Casino de la Reina es una casa de recreo  que el Ayuntamiento de Madrid regaló a la reina doña Isabel de Braganza, segunda esposa del rey Fernando VII. Ubicada en la actual  plaza de Embajadores ( limitada por las calles de Embajadores, Portillo de Embajadores, Rondas y Ribera de Curtidores ). Hoy en día el recinto está ocupado por una serie de edificios docentes y los jardines han quedado muy reducidos.

Tras haber hecho el acuerdo del regalo, el Ayuntamiento de Madrid se dispuso a realizar la adquisición de los terrenos y del edificio y el día 24 de abril de 1817 adquirió la Huerta de Romero, cuyo propietario era Manuel Romero, ministro de Justicia en los tiempos de José Bonaparte. Manuel Romero, a su vez, había adquirido la finca en 1808, tras haberle sido arrebatada a los clérigos regulares de San Cayetano por el gobierno intruso. A esta compra había añadido las de varias casas y el Almacén municipal de Aceite y Pescado (situado todo ello en la calle del Sol, que en el siglo XXI se llama calle del Casino). Después había mandado construir una casa-palacio y había embellecido el lugar con un jardín.

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A finales de 1817, el Ayuntamiento decidió que la finca comprada no era lo suficientemente grande, así es que compró otras cuatro posesiones para completar la superficie, cuya extensión es la que se conoce en la actualidad.Añadiendo el corral perteneciente al mayorazgo de Gil Imón, otro corral propiedad de don Manuel Martínez Muro, una casa-fábrica de alfar y un solar perteneciente a don Miguel Picazo que contenía un fábrica de ladrillos.

El edificio principal era el palacio, construido por el arquitecto municipal  Antonio López Aguado, con un exterior carente de adornos y un interior de gran riqueza artística. Lo más notable era una sala con zócalos de mármol cuyo techo estaba pintado por Vicente López más dos cuadros pintados por Ribera. La fachada tenía una buena escalinata con barandilla de hierro fundido, rematada por 10 bustos en mármol blanco.

En el extremo sureste de la finca existía una gran ría con un dique y dos lanchas de remos, y en la zona más alta había una gruta o cenador con asientos y mesas rústicas. Había además un gran estanque de agua gorda, construido en ladrillo y mampostería que se utilizaba como depósito para regar. Las aguas potables venían de la plaza del Progreso hasta una arqueta situada en el nº 47 de Lavapiés. También había un invernadero.

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En el lado sur del perímetro se encontraba la entrada principal con una puerta grandiosa que se conserva todavía hoy en la entrada al Parque del Retiro por la Puerta de Alcalá. En la parte norte se hallaba la “puerta de carros” desde la que se accedía a la antigua calle del Sol (calle del Casino). Todo el recinto estaba salpicado de pequeños edificios, estatuas, bancos, etc. De todo ello no quedan sino escasos restos. La reja que rodea todo el espacio procede del palacio de San Juan, ubicado en lo que fue pertenencia de los jardines del Buen Retiro y que fue derribado para dar su espacio al Palacio de Comunicaciones y Ministerio de Marina.

Durante la Revolución de 1868 el Casino pasó a la propiedad del Estado, dedicándose desde ese momento a albergar edificaciones oficiales, e incluso privadas; así, en 1871 se instaló en el palacete el Museo Arqueológico Nacional, en donde estuvo hasta su traslado al Palacio de las Bibliotecas y Museos Nacionales el 6 de julio de 1895. Posteriormente se fueron instalando otros edificios como la Escuela de Veterinaria, el Asilo de Cigarreras, o los Talleres de Prácticas de Artes e Industrias.

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Patricia Soriano

Estudios en Historia del Arte, colaboraciones en páginas relacionadas con el arte o el turismo ... y ahora aquí, en Absolut Madrid

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