“Bajo techo. Cuatro estadios de intimidad”

La Casa de la Cultura de Torrejón de Ardoz (C/ Londres, 5) ofrece una exposición organizada por la Comunidad de Madrid con obras de 25 artistas en torno a la intimidad. Se trata de la muestra Bajo techo. Cuatro estadios de intimidad, que ofrece la oportunidad de conocer una selección de los fondos de obra gráfica de la Colección del CA2M-Centro de Arte Dos de Mayo, en su mayoría procedentes de donaciones de la Fundación Actilibre -promotora de Estampa, Feria Internacional de Arte Múltiple Contemporáneo-.

La muestra temporal está integrada en la Red de Exposiciones Itinerantes de la Comunidad de Madrid, Red Itiner. Puede visitarse hasta el 10 de marzo en la Casa de la Cultura de Torrejón de Ardoz y, después, partirá hacia el Centro Cultural Federico García Lorca de Rivas Vaciamadrid (Pza. Constitución, s/n), donde estará expuesta del 12 de marzo al 4 de abril. A continuación, Bajo techo. Cuatro estadios de intimidad pasará por otros ocho municipios madrileños, hasta diciembre de 2010.

El listado completo de artistas que integran Bajo techo. Cuatro estadios de intimidad es: Antonio Alcaraz, Juan Luis Baroja Collet, Fernando Bellver, Joan Brossa, José Manuel Broto, Miguel Ángel Campano, Marta Cárdenas, Martín Chirino, Josechu Dávila, David Israel, Iván Larra, Óscar Manesi, Juan Moro, Antoni Muntadas, Blanca Muñoz, Javier Pagola, Carlos Pazos, Bernardí Roig, Johann Ryno de Wet, Concha Sáez, Unai San Martín, Susana Solana, Mónica Sotos, Juan Ugalde y Juan Pablo Villalpando.

La exposición se divide en cuatro secciones: “Dentro del silencio”; “Deseos, fantasías”; “Mi mapa del mundo” y “El libro es el lugar”. “Dentro del silencio” recoge una fase de la privacidad que se centra en aspectos negativos como la soledad, los miedos y las frustraciones. Se inicia con el rotundo Hombre lámpara de Bernardí Roig, e incluye, entre otros, los paisajes bucólicos y desiertos de Juan Pablo Villalpando, la repetición ciega de Juan Moro con 125 bombas sobre nada, o parte de la serie Proyectos imaginados, no olvidados, de Mónica Sotos.

El segundo apartado, “Deseos y fantasías”, se basa en los deseos esenciales de la privacidad de las personas; los que se desarrollan en la más estricta intimidad. Esta sección funde desde las representaciones musicales del tríptico Jazz Trinidad de José Manuel Broto, o la sexual de David Israel con su obra Tentación III, hasta las alucinaciones de Martín Chirino y su obra Herramienta poética inútil, o de Juan Ugalde en Puente.

En un tercer episodio, “Mi mapa del mundo”, se trata la idea de asociar algunos lugares, físicos o mentales, con la seguridad y la pertenencia a un territorio, ya sean físicos como Continente II, de Iván Larra, o mentales como las obras seleccionadas de Josechu Dávila.

Por último, la cuarta división es “El libro es el lugar”, una selección de libros y carpetas que lleva por nombre el título de uno de ellos, compuesto por estampas de varios artistas. En diferentes vitrinas se muestra la relación tan importante de la obra gráfica y las letras más allá del acompañamiento ilustrativo de la escritura, como puede verse en Bruja, de Javier Pagola/Julio Cortázar. Pero también se muestra la libertad creativa y de formatos con el mencionado El libro es el lugar, de L’Estudi, o El mundo del ritmo, de Carlos Pazos/Eduardo Mendoza.

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